Confieso que he leído

Cualquiera que me conozca un poco, lo sabe. Me gusta leer. Me encanta leer. He dedicado incontables horas de mi vida a ello, desde bien pequeñita. Siempre estoy leyendo algo, acabo de leer algo o voy a leer algo. Según Goodreads, he leído 181 libros. Según mi madre, devoro libros.

A lo lardo de todos estos años he leído casi de todo: libros buenos y libros malos, libros de ciencia ficción y novela costumbrista; best-sellers y modestas tiradas; thrillers y novela romántica decimonónica; fantasía y biografías. He leído a Brönte y a Cela; a Orwell y a García-Márquez; a Shakespeare y a Cervantes; a Neruda y a Poe. Y con todos he sentido lo mismo: ese inexplicable placer que me produce la lectura.

Todos me han emocionado, de uno u otro modo. Me han erizado la piel, me han saltado las lágrimas, me han hecho reír o me han plantado un nudo en el estómago. Me han hecho conocer a sus personajes, entenderlos; odiarlos o amarlos, según el caso; dejarlos formar parte de mi mundo, de ahí en adelante. Sin embargo, algunos libros son más que eso. Algunos libros son especiales. Te enamoras de ellos.

Hoy vengo a hablaros de uno de esos libros especiales. Uno de esos libros que lees una y otra vez, hasta perder la cuenta, a lo largo de tu vida. Uno de esos libros donde subrayas pasajes, incluso los memorizas, a fuerza de repetírtelos; uno de esos libros de hojas viejas de tan manoseadas; uno de esos libros que huelen a todos aquellos lugares donde los has llevado. Uno de esos libros que se quedan contigo para siempre.

El último de estos libros que me ha encontrado no es un libro, sino una saga, aunque bien podríamos calificarlo de una historia en tres tomos. Se trata de la “Crónica del Asesino de Reyes”, del estadounidense Patrick Ruthffus, exprofesor universitario que, tras dar la campanada con la primera novela de esta saga, “El nombre del viento”, se pudo permitir dejar la docencia y dedicarse en cuerpo y alma a escribir.

Crónica del Asesino de Reyes

Con su pinta de friki de los buenos, las novelas de Ruthfuss no podían sino transportarnos a un mundo de fantasía, un universo paralelo donde, a modo de memorias, descubrimos la increíble historia de Kvothe (pronunciado “cuouz”) un polifacético personaje convertido en leyenda que se oculta ahora en un pequeño pueblo, haciéndose pasar por dueño de una humilde posada.

Narrada con un estilo impecable que convierte ese mundo de fantasía en una realidad perfectamente coherente y asimilable, “El nombre del viento” y su continuación “El temor de un hombre sabio”, relatan las aventuras y desventuras de nuestro protagonista al más puro estilo de la novela épica.

“He robado princesas a reyes agónicos. Incendié la ciudad de Trebon. He pasado la noche con Felurian y he despertado vivo y cuerdo. Me expulsaron de la Universidad a una edad a la que a la mayoría todavía no los dejan entrar. He recorrido de noche caminos de los que otros no se atreven a hablar ni siquiera de día. He hablado con dioses, he amado a mujeres y he escrito canciones que hacen llorar a los bardos. Me llamo Kvothe. Quizá hayas oído hablar de mi”.

Amores, desamores, luchas a muerte, magia, seres místicos, leyendas y demonios pueblan las páginas de la historia junto a las realidades más mundanas, como auténticos coprotagonistas de la historia. Sin embargo, no es ahí donde reside su grandeza, ese algo “especial” que hace que te enamores del libro: es su prosa, una cuidadísima literatura que, a modo de pensamientos o reflexiones del narrador-protagonista, deja un texto perlado de citas, frases de gran calado emocional, con las que es imposible no sentir ese erizar de la piel, ese nudo en el estómago, esas lágrimas acudiendo a los ojos o ese esbozo de sonrisa, en ocasiones, casi a la vez.

Puesto a la altura de grande escritores como J. R. R. Tolkien, Ursula K. Le Guin y George R. R. Martin, pero destacando su originalidad, por los críticos de su país, Ruthfuss prepara ahora la que será la traca final, el cierre de su increíble historia, que, probablemente, llevará como título “Las puertas de piedra”.

¿A qué esperas para ir a buscar el viento?

Por Plug In Polly

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