Si sabes lo que representan estas siglas, sólo puede significar dos cosas:

1. Tu vida sexual es muy interesante.

2. Tu también has sido víctima del fenómeno literario de los últimos meses.

Personalmente, me hallo en el segundo grupo, aunque nunca se sabe: Sí, lo confieso, yo también he leído 50 sombras de Grey, de E.L. James. La trilogía, enterita. No soy de las que se quedan a medias.

El caso es que no pensaba comentar nada del best seller de turno, porque considero que la red ya está saturada con “la fiebre del gris” pero, quizá por eso mismo, no he podido resistirme. Pululan por Internet tantas opiniones sobre los libritos de marras, tantos adoradores acérrimos y detractores inflexibles de la saga, tanta gilipollez en resumen, que yo no podía ser menos. Tengo que despacharme a gusto con unos y otros.

Vamos por el principio, los detractores.

Se han alzado muchas voces en contra de esta novela: que si denigra a la mujer, que si es un cántico a los malos tratos, que si es misógino, que si ofrece una imagen donde el castigo físico está bien visto…A ver, señores, la novela, por si no lo han notado, trata sobre un tío (con problemas de exceso de control, sí; celoso, también), mayor de edad y con libre capacidad de elección que propone a una chica (un poco sumisa y mojigata, sí) mantener una relación basada en el Sado-Masoquisto, Bondage y Sumisión (las famosas siglas SMBD). Ella, también mayor de edad y con capacidad de elección, tras mucho pensarlo, accede libre y voluntariamente a la misma. Fin.

Ese tipo de relaciones, como explica el libro y se puede uno informar gracias al Sr. Google, que sabe mucho, se basan en una relación de control entre un Dominante (el tipo en cuestión) y un Sumiso (la mojigata) en la cual los límites de dicho control han sido previamente consensuados por ambos y donde el castigo físico en muchas ocasiones está asociado al placer sexual. Si no les gusta este tipo de sexualidad, ¿por qué sigues leyendo?¿no será que, en el fondo, eres un poco masoquista?

Ahora, vamos con los defensores.

La trilogía, en general, es correcta. Punto. De ahí a decir, como he visto en alguna parte, que es “lo mejor que he leído en mi vida”, sinceramente chica, deberías de leer más a menudo. La trama, copiada confesamente (la autora usa la palabra “basada como muestra de admiración”) en la Saga Crepúsculo está tan manida que ni siquiera es original de los Vampiros de Purpurina: chica más o menos mojigata, pero que en el fondo esconde una leona, se enamora del tipo equivocado, misterioso y peligroso, que esconde un oscuro secreto y la advierte en repetidas ocasiones de lo inconveniente que es para ella, pero que no consigue olvidarla ni, dicho sea de paso, dejarla en paz. ¿Ejemplos? Desde Romeo y Julieta, pasando por West Side History, hasta Han Solo y la Princesa Leia. Más visto que el Tebeo.

No obstante, he de reconocer que el primer libro me gustó: la trama es bastante dimánica y, aunque hasta cierto punto predecible, engancha. Las escenas de sexo son bastante tórridas y, en más de una ocasión, acabé bastante cachonda leyéndolo. Al fin y al cabo, es una novela erótica, sin más pretensiones y, como tal, consigue su objetivo. Una buena lectura de verano.

El segundo libro no está mal: la trama mantiene un mínimo de aliciente que la hace interesante, las escenas entre los dos protagonistas son aún subidas de tono y frecuentes y, aunque algo más plana, consiguió picar mi curiosidad.

La tercera novela fue decepcionante: mucho más pretenciosa que las anteriores, se ve cómo la autora quiso dotar de cierta pátina de thriller a la trama y de cierta profundidad a los personajes. Sin embargo, no puede, y la historia queda como un burdo intento de ser algo más, algo que no estaba destinada a ser. Predecible hasta la náusea, simplona, con contadas ocasiones en las que reconoce su esencia y vuelve a ser una novela erótica, esta novela sólo refuerza la sensación de que la trilogía podría haberse resuelto perfectamente como dos libros (quitando paja del segundo y el tercero y aunándolos en un, ciertamente innecesario, segundo tomo).

Así pues, ni ángel ni diablo. Como novela de lectura rápida y fama fugaz, correcta. Como obra maestra de la literatura contemporánea, inconcebible. Como apología del maltrato, absurda. Como manual sobre prácticas sexuales extremas, infantil. En resumen: no todo es blanco o negro en este libro, sino, más bien, una multitud de tonalidades de gris. 50 sombras o más.

Por cierto, agarraos los machos, que amenazan con una película. Al final E.L James sí que va a homenajear a Stephenie Meyer en su forma más absoluta: con la imitación, que, dicen, que es la forma más completa de adulación.

Por Plug In Polly

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