Porno japonés: Historias del bukkake y otras lindezas

Qué el porno japonés se nos está yendo de las manos, es un hecho fácilmente constatable en la Red. De la misma forma que no hace falta ser sociólogo para saber que a los productores de vídeos guarros nipones les falta un tornillo, tampoco hace falta una etnografía para reconocer que a estas alturas somos un montón de españoles los que nos la pelamos con estos contenidos.

Navegando y navegando por el maravilloso mundo de la ‘pajonline’ en más de una ocasión se me ha quedado cara de naufragio al contemplar prácticas como el sharking. El ‘tiburoneo’ consiste en rondar a alguna chica hasta que se despista y entonces aparece un tío con capucha y ¡zas¡ le baja la falda o le sube la camisa y deja toda su ropa interior al descubierto. En principio, uno ha de suponer que se trata de una simulación pero a mí, personalmente, me gusta pensar que no. Si las víctimas de esta ‘violación express’ fueran actrices serían dignas de un Oscar porque parecen pasarlo bastante mal durante el asalto. Lo que roza lo sublime, es que en el montaje de los videos incluye sonidos de buitres en una sutil metáfora del ciclo de la vida.

El caso es que el sharking está teniendo bastante éxito entre los ‘pajonautas’ y existen ya franquicias europeas, con una puesta en escena menos convincente pero también interesante, así como modalidades más expeditivas como el ‘plucking style sharking’, ¡ahí es na’¡ que añade, al viejo pack, un tirón de pelo púbico, del que posteriormente se mostrarán sus frutos a cámara. Es innegable que hay que estar jodido de la mente para participar de estas prácticas pero yo me quedo con el encapuchado que no los tira y prefiere guardarlos en el bolsillo para olisquearlos después. Increíble.

Yo también soy un curioso como mi compañera Maxine Manchester, y no he podido evitar seguir explorando el mundo de la psique pornográfica japonesa y, los creativos del gremio no escatiman en plasmar lo más sucio del ser humano. La obsesión con recrear violaciones no roza la enfermedad, la desgarra. Otra práctica habitual dentro de este porno es la de magrear, desnudar, masturbar y/o follar, con su subsecuente baño de esperma, a cualquier muchacha en el tren. Al igual que en el sharking, en esta modalidad de abuso, a la chica le pilla por sorpresa que un grupo de salidos la viole en un transporte público atestado de japos.

Otro clásico de la vejación también mama y nunca mejor dicho, de tierras niponas. Sí, amigos, hablo de esa palabra tan recurrente y ese rito tan bucólico que tantas veces has tenido que explicar a tu amiga, novia, prima, casera, abuela, logopeda, etc. Estoy hablando del bukakke, sí, no podía faltar en este exquisito post semejante manjar. Hasta nuestro pequeño puerco visionario Torbe se ha iniciado y recreado en esta ancestral técnica japonesa. Yo, como soy un romántico, me he inventado una historia sobre el bukkake que necesitáis conocer:

Corría, con perdón, la segunda mitad del siglo XII después de ‘Yisas’ y el hijo mayor y heredero de la respetada saga familiar de los Teriyaki -en este caso sin arroz- iba a contraer matrimonio con una moza de origen humilde pero de tez celestial. Takeshi, previendo que su familia jamás convendría en otorgar el beneplácito a su ansiada unión con la bella Bukkae, decidió llevar su relación en secreto hasta que llegó el día en el que recibió la dote a manos de su madre, bajo la atenta mirada de su moribundo padre.

EL patriarca de los Teriyaki, jamás hubiera aceptado la deshonra de que su linaje emparentase con una plebeya pero una vez cediera la gestión de su fortuna a Takeshi, el joven estaría en disposición de escapar. La pareja ya lo tenía todo preparado para partir al alba. Solo habían cometido el error de subestimar a Meloco, la pequeña y dulce hermanastra de Bukkae, que con tan solo tres años era lo bastante inteligente como para percibir los planes de huida. Así, con el buen ánimo que acompaña a los niños pequeños que cuentan historias, se dirigió a su madrastra y le confesó lo apenada que estaba por la inminente marcha de su hermana mayor.

Sokaku, sorprendida, consultó con su marido, que asustadizo e irreflexivo, como buen campesino, decidió enviar un emisario a casa de los Teriyaki y advertir al jerarca de la romántica conspiración.

Yoshimitsu Teriyaki, hombre frío y calculador, contuvo su rabia durante toda la ceremonia a sabiendas de que al día siguiente los acontecimientos sufrirían un giro inesperado.

Cantaron los gallos y el enamorado, tras armar su petate, dejó unos yenecillos a su vieja, fue a casa de Bukkae y allí empezó todo…

Su intransigente padre había contratado a unos mercenarios para que acabaran con la virgo de Bukkae, al ser posible, de la manera más vejatoria posible.

Allí se encontraban unos 20 individuos con mascaras de samuráis convirtiendo el cuerpo inerte de la bella moza en una estatua de semen petrificado y lágrimas de amor.

Cuando Takeshi, volvió a casa empuñando su catana encontró a su padre muerto y pese al silencio que reinó en el pueblo tras el suicidio del despechado, la pobre Bukkae dio nombre a esta práctica ancestral que se ha mantenido viva hasta nuestros tiempos; el bukakke (homenaje al periodismo)

Hay que reconocer que para estar hablando de vulvas y penes censurados por la extraña moral japonesa, estos vídeos dan mucho de sí. Este es uno de los más locos que he encontrado. Os lanzo el reto de encontrar algo más freak.

Por Marcin Bezsennosc

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5 thoughts on “Porno japonés: Historias del bukkake y otras lindezas

  1. Buen articúlo. Me parece increible a lo que llegan algunas mentes calenturientas, que manera de estrujarse la cabeza. Tan difícil lo tíenen en la realidad?? Lo que si es cierto y es un hecho, es que no son dos personas las que tirán de estas paginas, son miles, asíque por algo será!!

    1. C’est L’amour querida Bibiana. Esta gente tiene que hacer estas peripecias para poder lanzar un producto competitivo para compensar el lastre de la censura. Lo cierto es que en la Vieja y Maltrecha Europa copiamos muchas de sus ideas. Lo que es para hacérselo mirar quizás sea la obsesión por acosar a muchachas que tienen… En fin, como dice aquel anuncio tan honorable: “Más por menos”

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