NTIC(A)’s se escribe con ‘A’ de adictivas

Si en mi último post hablaba de la locura que se vive en nuestro país desde la llegada de los teléfonos móviles inteligentes y de las consecuencias que éstos están teniendo en el día a día de sus usuarios y su forma de actuar, en este voy a ir un paso más allá.

En esta entrada voy a tratar de centrarme en algunas de las repercusiones que internet está teniendo en muchos de sus usuarios y que, en algunos casos, son desconocidas por ellos mismos.

Cuando uno se lanza a por información relacionada con NTIC’s, gadgets o productos tecnológicos en general se da cuenta de hasta qué punto internet se está integrando en nuestro quehacer diario con el objetivo de hacernos la vida más fácil y acercanos a la información a un golpe de click. Lo que es algo más difícil es encontrar noticias relacionadas con la cara B de internet y de las consecuencias que en muchos casos está teniendo su uso diario convirtiendo esta fantástica herramienta en una dependencia.

A este respecto llama la atención las conclusiones que se desprenden de un estudio dirigido por el doctor Wilhem Hofmann, de la Booth Business School de la Universidad de Chicago, especializado en ciencias del comportamiento que revela que Twitter y Facebook son más adictivos que el tabaco o el alcohol y que próximamente verá la luz en la revista académica ‘Psychological Science’ .

Analizando los deseos e impulsos de 205 personas con edades comprendidas entre 18 y 85 años, Hofmann concluye que resistir  a la tentación de visitar la red social Facebook o la red de microblogging Twitter para ver las actualizaciones teniendo a mano una conexión a internet es más difícil que rechazar una bebida o un cigarrillo.

De hecho el deseo de revisar las redes sociales e intentar evitar trabajar, confirma el informe, están al principio de la lista de los deseos, justo detrás de la actividad sexual y de las ganas de dormir.

Otra de las nuevas alteraciones de la conducta en la que trabajan en la actualidad muchos psicólogos y psiquiatras se denomina Crackberry y consiste en un trastorno que convierte en necesidad el deseo de estar conectado al internet (hiperconexión) cada segundo y así estar al tanto de las novedades de la red.

Según comentan algunos de los primeros psiquiatras que han detectado esta alteración, los afectados por el Crackberry padecen trastornos de la conducta que les ocasiona problemas para socializar en el mundo real, además de adicción al trabajo, generando una hiperdepresión que requiere tratamiento especializado.

En relación a este tema, investigadores de la Sloan School of Business del MIT -donde se trabajan los mayores expertos en nuevas tecnologías- aseguran tras conocer el resultados de varios trabajos que “este nivel de conexión permanente no puede sostenerse en el tiempo, y deteriorará nuestra percepción de la realidad en todos los niveles. Vínculos en crisis, estrés, agotamiento, aislamiento, agobio, malestar, enfermedad”.

“El uso de la Blackberry -u otros dispositivos similares- puede ser tan adictivo que sus usuarios llegan a necesitar tratamientos similares a los de un adicto a las drogas”, han llegado a sentenciar algunos de los expertos.

Unas alteraciones que se están empezando a conocer ahora y que ya se han detectado de forma alarmante en los niños nacidos en la era digital tras varios estudios sobre el efecto que el uso de internet está teniendo en los más pequeños.

Después de realizar distintas encuestas a 1.000 jóvenes en el Reino Unido con edades comprendidas entre los ocho y los 16 años sobre el impacto de Internet en sus vidas, el proyecto ‘Digital Futures’ realizado por la consultora Intersperience sentencia que el 60% de los menores de 12 años o menos aseguran que si no contaran con conexión a Internet se sentirían tristes, mientras que el 48 por ciento aseguró que se sentiría solo si no tuviese acceso a la web. Ahí es nada.

Para tranquilizarnos, Paul Hudson, el presidente de Interesperience finaliza asegurando que “aunque los adultos pueden estar preocupados por la fuerte conexión emocional de los niños a Internet, el estudio muestra que, lejos de perder el arte de la conversación, los niños prefieren chatear con sus amigos en persona”. Todo un consuelo.

Todavía no son muchas las investigaciones al respecto, pero ya se puede hablar claramente de los efectos que puede tener el (ab)uso de internet en niños y adultos.

Por cierto, nuestros jóvenes son los que más horas pasan delante de la pantalla del ordenador conectados a internet de entre todos los países de Europa. Seguiremos de cerca cómo evoluciona el asunto.

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